En Drake Bay Wilderness Resort somos un hotel familiar con más de 40 años recibiendo viajeros en una de las regiones más prístinas de Costa Rica. Nuestra historia nace en Bahía Drake, un lugar legendario que lleva el nombre de Sir Francis Drake y que hoy conserva una biodiversidad única. Construimos nuestro hotel respetando la naturaleza y cultivando nuestros propios alimentos para ofrecer una experiencia auténtica, sostenible y profundamente humana. Nuestro propósito es crear un espacio donde cada huésped descanse, explore y se conecte con la esencia de Osa.
En 1985, cuando Bahía Drake era un rincón casi desconocido del país, un lugar donde el tiempo parecía detenerse, Don José Manuel Jiménez tomó una decisión que cambiaría para siempre la vida de su hija, Marleny, y de su yerno, Herbert Michaud.
En aquellos años no existía aeropuerto, no había electricidad y mucho menos carreteras. La bahía vivía en su pureza más absoluta: selva cerrada, mar abierto, noches iluminadas solo por estrellas y días marcados por el sonido del océano. Era un territorio donde la naturaleza hablaba más fuerte que cualquier cosa, y donde cada paso exigía valentía.
Don José Manuel vio algo que muchos aún no podían imaginar: la posibilidad de construir un hogar y un futuro en ese paraíso remoto. Fue él quien convenció a Herbert y a Marleny de mudarse y comenzar un sueño que parecía imposible. Y ellos aceptaron.
Los primeros años fueron de esfuerzo puro. Aunque Herbert contaba con un pequeño bote de motor, la mayor parte del trabajo recaía sobre sus hombros. Todo lo que necesitaban —cada tabla, cada alimento— se cargaba a pulso desde la orilla tras largas travesías por mar. En aquel entonces, sin caminos y con la electricidad a veinte años de distancia, la voluntad era el único motor que no fallaba.
Aun así, en medio de esa sencillez radical, nació algo extraordinario.
No solo construyeron un hotel: construyeron un hogar.
Fue allí, entre la arena y la selva, donde Herbert y Marleny criaron a sus tres hijos. Crecieron rodeados de monos, guacamayas, tucanes, del sonido de las olas como arrullo y de un cielo tan limpio que parecía inventado. Crecieron viendo a sus padres trabajar desde cero, con las manos, con fe, con amor y con una persistencia que pocas historias pueden contar.
Con el tiempo, el sueño familiar se transformó en uno de los primeros alojamientos de la zona, mucho antes de que Bahía Drake se volviera famosa. Hoy, décadas después, Drake Bay Wilderness Resort sigue siendo dirigido por la misma familia que lo vio nacer.
En el corazón de la propiedad, bajo la sombra de árboles que han sido testigos silenciosos del paso del tiempo, se encuentra una placa que honra la memoria de Sir Francis Drake, uno de los navegantes más emblemáticos de la historia.
Este objeto no es solo un adorno; es un punto de conexión con el pasado. La placa fue donada por la ciudad de Plymouth, Inglaterra, en marzo de 1979, conmemorando los 400 años desde la llegada del explorador a esta bahía que hoy lleva su nombre.
La presencia de este monumento recuerda una época en la que todo era más remoto y salvaje. Mucho antes de que existieran caminos, electricidad, un aeropuerto o cualquier tipo de infraestructura, estas costas recibieron navíos, exploradores y viajeros que encontraban aquí un refugio natural en medio del Pacífico Sur. La placa es un testimonio tangible de los primeros contactos europeos con estas tierras y del papel histórico que tuvo la Bahía Drake como punto de descanso vital para las travesías marinas.
Hoy, este monumento de bronce y piedra forma una parte fundamental de la identidad del lugar. Es un símbolo palpable del valor histórico de la zona y un recordatorio constante de que Bahía Drake siempre ha sido un espacio de encuentros: entre culturas, entre viajeros y entre la naturaleza indómita y las personas que han decidido llamarla hogar.
Para los huéspedes que visitan el sitio, la placa ofrece una experiencia que va más allá de la simple observación. Al detenerse frente a ella, no solo están observando un vestigio del pasado, sino que están conectando con la esencia primitiva y auténtica de este lugar. Este símbolo ancla el presente en la profunda historia de aventura y exploración que define la región.
El espíritu de pionerismo de Sir Francis Drake se refleja de manera inesperada en la historia de la familia fundadora del resort.
La placa representa una continuidad histórica para la familia que levantó el Drake Bay Wilderness Resort desde cero, en una época en la que tampoco había carreteras, electricidad ni acceso sencillo. Así como exploradores llegaron aquí a través del mar hace siglos buscando refugio y nuevas fronteras, también Herbert y Marleny llegaron a estas tierras, guiados por la visión de José Manuel Jiménez, y construyeron un hogar, un refugio y un legado para sus hijos.
Este monumento encapsula la perseverancia y el espíritu emprendedor, sirviendo como un nexo entre el audaz marino del siglo XVI y la moderna familia pionera que dio forma al paraíso que conocemos hoy.